Recordando a las sufridas esposas de los mineros de las Menas, por Eduardo Marín Daza

Se ha escrito mucho de los mineros de Las Menas de Serón, todo muy verdadero, un trabajo muy duro, peligroso y lo más lamentable, su precaria remuneración. Pero si el trabajo de ellos era dura, el de ellas, no le iba a la zaga.

Muchas de ellas, con un término medio de cinco hijos, otras con ocho o diez, que también las había, en aquella época tener tantos hijos, sin los adelantos que hay en la actualidad, era toda una proeza. Eran tiempos de otras grandes mujeres, las comadronas como Carmen la estrella que ayudo a traer tantas criaturas al mundo, éstas arreglan los problemas con mucha agua caliente y abundante caldo de gallina. Estas aves cuando veían a mujeres embarazadas, se les erizaban las plumas, sabían lo que les esperaba.

Si tener tantos hijos ya era un drama, alimentarlos, vestirlos y cazarlos con aquellos ingresos tan irrisorios, era un verdadero problema. !Cuantos dolores de cabeza y sufrimientos tendrán aquellas mujeres!. La vida les enseñó a ser verdaderas artistas: cosían, zurcían y ponían piezas, muy bien puestas, había pantalones y chaquetas que parecían tableros de ajedrez, prendas dignas de figurar hoy en un museo, para que las nuevas generaciones se dieran cuenta de los capaces que eran aquellas mujeres, y para que vieran la diferencia con los tiempos actuales.

¿Y los viajes que hacían estas mujeres?, nada del Inserso, los hacían con grandes canastos de ropa, caminando hacía los riachuelos. Unas iban al barranco del Albaricoque (balsa de la Cirila), otras bajaban al barranco de J. o Carlos, las de Cabarga lo hacían al barranco de la Cueva del Burro (Fuente del Lagarto).No conocían los detergentes, usaban jabón Rocamora, Lagarto y algunas de fabricaban ellas el jabón a base de aceite de oliva sobrante de las frituras, sosa cáustica y azulete. ¿Cuál lavaba más blanco?, el blanco lo daba las manos con las que lavaban, el agua, y sobre todo mucho sol y aire de la sierra.

La jornada de lavado era bastante extensa. En verano era una trabajo llevadero, ¿pero y en invierno? ir a lavar con nieve ya era penoso, pero era mucho peor cuando helaba ya que entonces tenían que romper la capa de hielo para descubrir el agua. Con temperaturas bajo cero, las manos no podían estar mucho tiempo en contacto con el agua pues se congelaban. !Que trabajo tenían estas mujeres!.

Las Menas de Serón en los inviernos no eran ningún paraíso, sobre todo para las mujeres y para los trabajadores que trabajaban en el exterior, como el cable aéreo, en los Canos estaba Virginio García, hijo de Mariano el carpintero, albañilería etc. Estos pasaban mucho frío, pero más malo que el frío era el salario que cobraban, algo indignante.

Quiero mencionar otra gran mujer del coto-minero, se llama Dolores Escámez "La Posadera", natural de Pechina (Almería), el apodo le venía porque sus padres cuando se trasladaron de Pechina a la barriada del Rascador, pusieron una pequeña posada. Dolores tenía ocho hijos, cinco hembras y tres varones, su esposo era José Martínez Sánchez "El Tordo" natural de Lorca (Murcia), otro gran minero, después pasó al cable. Si escribo sobre esta gran mujer, es porque fue la primera "senderista" de esta zona, sin los medio adecuados y tampoco lo hacía por deporte. Todo el sacrificio y esfuerzo era para que a sus queridos hijos no les faltara la comida.

Calzaba alpargatas de suela de goma, a los cazadores este calzado no nos duraba una jornada, supongo que a ella que andaba más le pasaría igual.

Dolores salía de su casa de Cabarga acompañada por su marido, atravesaban la barriada del Rascador y Dulce María, coronaban el cortijo de la Medina, seguían su travesía por la Yedra y venta de Manuel del Pino, bordeaban los Carrascos y el cortijo del Conde, pasaban por la fuente de la Luisa hasta la piedra de los ladrones, en este lugar José de despedía de Dolores, pues él tenía que regresar a Las Menas ya que a la ocho de la mañana tenía que empezar su jornada de trabajo. !Buen aperitivo para empezar una jornada de ocho horas!.

Dolores seguía su ruta bajaba la cuesta de la Merendera, empalmando con la cuesta de la Juanita, cruzaba por las Aneas, parte alta de Gérgal, y finalizaba su ruta en la estación de Renfe de Gérgal, donde tomaba el tren para Almería.

El regreso solía hacerlo con un intervalo de dos días, ya que un día lo dedicaba a hacer sus compras en la ciudad, artículos de primera necesidad para su familia y otro día para regresar.

El regreso era el mismo itinerario pero con el agravante, que desde las Aneas a la piedra de los Ladrones es todo el trayecto una fuerte subida. Si a esto le añadimos la carga que llevaba, que podían ser cinco o seis kilos de pesos, pues era toda una odisea.

Cuando Dolores llegaba a la piedra de los Ladrones, ¿cómo llegaría?, ya le esperaba su marido. Este le aligeraba la carga y juntos poco a poco regresaban a Cabarga.

En mis frecuentes visitas (cuando estaba bien de salud) a Las Menas y Bacares, era parada obligatoria en la piedra de los Ladrones, la verdad es que nunca vi ladrón alguno, pero sí la silueta de esta gran mujer, Dolores con dos caras, una mirando al Sur hacía Almería, la otras mirando al norte hacia Cabarga, donde siempre dejaba a sus queridos hijos.

Con estas letras he querido manifestar mi admiración por esta gran mujer, mujer de un minero de las minas de LAS MENAS DE SERÓN (ALMERÍA).

Eduardo Marín Daza, ALMERÍA


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