Las Menas - Fiestas locales

El devenir cotidiano en el poblado de Menas, Rascador y Cabarga estaba condicionado y organizado por y para los trabajos de la Empresa puesto que toda la población activa dependía de ella.

Allí no había cosechas del campo, ni torre con reloj, ni campanas que regularan el tiempo. Una sirena, llamada por la generalidad "El Pito", cumplía este cometido. Se obedecía su silbido y a él se ajustaban las actividades del día. Sonaba a las 7,30 de la mañana para despertar a los trabajadores. Repetía a las 8 para iniciar la jornada e inmediatamente, como si fuese una sola máquina, todo el poblado se ponía en movimiento: tránsito de personas de un lado para otro, el rugir de los motores, el repiqueteo de los baldes al deslizarse por el cable, cambio de relevo en la mina; caravanas de caballerías que regresaban del trabajo, otras que se incorporaban de refresco, amas de casa a la compra, niños camino de la escuela. Un despertar al unísono para la laboriosidad, dando una sensación de grupo humano organizado, dinámico, responsable. Después, a lo largo del día, iría avisando, a las 12 para la comida, a la 1 para continuar trabajando, a las 4 para el relevo de la mina y a las 5 para finalizar la jornada en todos los trabajos del exterior.

Una vez que se despojaban de la indumentaria del trabajo, iban apareciendo los corros de las animadas tertulias por los pasillos y puerta de la Oficina, en la entrada de la caballeriza (La Cuadra), por los transformadores, en el barrio de la Música... Los temas de las conversaciones se basaban en los acontecimientos del día, cuestiones laborales, fútbol, caza... terminando las reuniones en el "Casinillo" con unas botellas de vino y las correspondientes tapas. Por las noches, en tiempo de verano, se paseaban por la carretera hastga el "Caño el Dos", fuente famosa por su tonificante, digestiva y rica agua. El beber agua directamente del grifo se había convertido en un rito e incluso se llenaban los típicos botijos de barro para llevarla, conservarla fresca y consumirla en las casas. En tiempo de invierno, unos organizaban la velada alrededor de la lumbre o de la mesa camilla, otros, en especial hombres, acudían a jugar la partida en el Casino pero hasta las 11 de la noche pues a partir de esa hora se cerraban todos los establecimientos, se recogía el personal y un respetado silencio se imponía en los Cotos.

No piense el lector que la uniformidad de vida produjese monotonía, pues el ingenio humano es agudo y tiene recursos para buscar distracción en las más diversas situaciones. Se montaban obras de teatro, reuniones en las casas, bailes en el Casinillo, celebración de las fiestas tradicionales, etc., consiguiendo distracción y variedad en los doce meses del año.


Reuniones de familiares y amigos. 3 de agosto de 1919.

Entre las fiestas de más raigambre se recuerda la Navidad. Esta fiesta, ya de por sí entrañable, familiar y alegre, potenciaba sus características con una serie de aditamentos favorables para una feliz celebración, la paga extraordinaria, la expectación, ilusiones y esperanzas que generaba la participación en el número de lotería que la Empresa reservaba en el sorteo nacional de Navidad, las vacaciones generales desde el 22 de diciembre al 7 de enero (fechas aprovechadas por la Empresa para, con un retén de obreros, reparar, limpiar, poner a punto máquinas, instalaciones, conducciones de aire, agua, vías...), las condiciones climatológicas que forzaban a concentrar el personal en la casa o en los casinos en busca de diversión, creándose un ambiente en el que no faltaban los dulces y las copas de mistela, tradicionales en estas fiestas, entrando en competencia las amas de casa en cuanto a la calidad de los roscos, mantecados y mazapanes; las devotas misas en la capilla de D. Alejo, la adoración al Niño Jesús entre cánticos de alegres villancicos y los agudos y graves sonidos de las bandurrias y guitarras.

Fiesta de S. José.- Como en cualquier rincón de Andalucía, abundan los nombres de José o Pepes, por esa razón este día, año tras año, fue adquiriendo importancia especial y cierta identidad en las efemérides de Menas. Por la mañana después de la celebración de la misa que en esta fecha solía hacerse en el salón del cine por tener mayores dimensiones y ser la asistencia mayor que en otras ocasiones, se desplazaban por grupos a los domicilios de los que conmemoraban sus onomásticas, a fin de expresar las felicitaciones y buenos deseos. Estos respondían con generosos y sabrosos banquetes. Con una y otra invitación iba subiendo el estado eufórico, alborotador y divertido. Finalmente los grupos se concentraban para terminar en una improvisada fiesta en el Casinillo y muchas veces en casa de D. Pepe el Médico que por la hospitalidad y buen humor, tanto de él como de sus encantadoras hermanas, contribuían a terminar el día con un broche gozoso y exultante.

Fiesta de S. Miguel.- En el pasado La Loma era la capitalidad de todas las múltiples aldeas de la zona al norte de la Sierra, razón de la ubicación en ella de la sede de la parroquia, bajo la advocación de S. Miguel Arcángel. La fiesta tenía lugar al final de septiembre y a ella se unían todos los Cotos y Cortijadas que asistían a las ceremonias religiosas, siguiendo con interés la declamación de las "Relaciones de Moros y Cristianos" y participando en el gran baile que al son de un acordeón se organizaba en la "Era". Esta fiesta se continúa celebrando en el barrio de las Casas Sociales del pueblo, gracias a los residentes de las mismas que proceden de La Loma y del Marchal.

Fiesta de Sta. Bárbara.- Sta. Bárbara es la patrona de los mineros más como en el calendario cristiano aparece el 4 de diciembre, fecha de riguroso frío, se traslada la fiesta el mes de julio. Solía durar dos o tres días, según pudiera o no enlazar con un sábado o domingo. El día de la víspera, al atardecer, aparecía por los transformadores el tío Eduardillo con su tambor, acompañado de tres o cuatro músicos de Bacares. Con el jolgorio de los chiquillos, se recorría el vecindario anunciando las fiestas, caldeando el ambiente y predisponiendo los ánimos para unas jornadas de diversión, distensión y distracción. Al día siguiente, unos años en procesión, otros en una especie de romería, se subía la imagen de Sta. Bárbara desde la capilla de Cabarga a la explanada de la Oficina, donde se instalaba un altar y se celebraba una misa de campaña. A continuación se iniciaban los diversos actos del programa, normalmente consistentes en competiciones deportivas, corridas de cintas, elevación de globos y fantoches, cucañas, novilladas y las divertidas verbenas de la madrugada.


Banquete mineros fiesta Santa Bárbara el 4 de diciembre de 1956 en el restaurante del Club de Mar de Almería.
En primer término aparece D. Epifanio Pérez Porras junto a su padre, abogado de la compañía, D. Epifanio Pérez Robles junto a facultativos de las minas.

No se organizaban espectaculares cosas, pero estas fiestas tenían un duende especial que divertía a los niños, a los jóvenes, a los adultos y a la multitud de forasteros que de los pueblos vecinos se desplazaban y lo pasaban de maravilla según testimonios que aún se recogen en Serón, Baza, Purchena, Tíjola... El duende podía ser el ambiente familiar que se respiraba, los económicos precios en el servicio de ambigú, las formidables orquestas que se contrataban con músicos de la talla del maestro Barco, el violinista Cuadra, el batería Sánchez de la Higuera, el trompeta Jiménez... También podría ser el inigualable marco de la puerta de la Oficina, cementada, iluminada, con sus numerosas acacias, que de día filtraban los rayos de sol y de noche sostenían en sus hojas, como si fueran perlas, las gotas brillantes del rocío.

*(Fuente texto: "La Minería de Serón. Menas", autor Miguel Reche Sánchez)


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