LA GENÉTICA ES UNA FUERZA PODEROSA

A veces me da miedo pensar en la fuerza de la genética, porque, somos lo que somos y nos transmitimos genéticamente; lo que nos gusta y no nos gusta. Pienso en mis padres, mis abuelos, bisabuelos, como han sido , como han vivido, sus virtudes y sus defectos; posiblemente sean también los míos, y creo que no son pocos, ¿Serán también los de mis hijos?. Llevo un tiempo, investigando y repasando la historia de mi familia, reflejándome en muchas secuencias de mi vida, acciones y vivencias que me cuentan empíricamente los mayores, sintiéndome implicado total y absolutamente incluso en esas acciones que menos nos gustan.

¿Que nos obliga a ser como somos? ¿Nuestras acciones son producto del azar, ó es esa fuerza genética la que nos dirige a ser como somos ó actuar de una ú otra forma?

Estamos marcados por los genes de nuestros antepasados, científicamente dicen que si, y debe de ser así porque en muchos momentos de mi vida veo ó siento el reflejo y aura de mi padre y mi madre, en mí; en distintas conductas de la vida cotidiana vas descubriendo esas acciones que ocurrían muy cerca de ti, pero que no te dabas cuenta hasta que te quedas huérfano.


Mi abuela paterna, Remedios Cano Martínez

Según las situaciones o lo que nos interese en cada momento; se dice, este niño, se parece al abuelo tal; o cual, o incluso nosotros mismos queremos parecernos a unos ú otros según nos convenga en cada situación, sin pensar que la madre naturaleza es caprichosa y el reparto genético será como ella quiera que sea. Otra cosa, será saber identificar esas conductas que no nos gustan, o no nos interesan y queramos mejorarlas o modificarlas. Yo cuando realizo algún exceso en alguna determinada compra, siempre me viene a la cabeza mi bisabuelo Diego Cano, ya que según me cuentan fue un gran derrochador y caprichoso. Diego Cano, era un hacendado en aquellos años disfrutando de una posición económica realmente holgada, su fortuna le vino de sus padres por un lado, y de sus suegros por otro. Según me cuenta mi tío Pepe, los suegros de Diego Cano, José y Laureana (mis tatarabuelos) quisieron dejarlo sin herencia debido a la fama de derrochador que tenia, e intentaron hacer un puente hereditario con la idea de pasar dicha herencia a los nietos no llegando a buen termino ya que la ley no contemplaba esta posibilidad, yendo a parar a sus manos para disfrute y goce de sus sentidos.


Diego Cano Corral
bisabuelo de Diego Pérez Cano

Era un hombre apuesto, salía por las mañanas con su caballo, su capa y fusta; teniendo como única ocupación sus paseos a caballo, sus cacerías cinegéticas y las sexuales, junto con sus amigos de conveniencia que le ayudaron a quemar su fortuna con las juergas nocturnas, que eran una noche si y la otra también. Era caprichoso y como se le metiera algo entre ceja y ceja no paraba hasta conseguirlo, desde una buena escopeta un caballo ó alguna que otra mujer. Fue un hombre apuesto y bien parecido junto con su buena posición social y económica, difícilmente las mujeres le ponían oposición a acostarse con el, y posiblemente llegando a tener un buen numero de hijos bastardos.

Como el era uno de los jefes en Las Menas en una de las crisis de estas cuando bajaron la producción, y para seguir manteniendo el ritmo de vida al que el estaba acostumbrado tuvo que ir deshaciéndose de sus tierras y bienes para poder cubrir sus excesos.


Piedad Martínez Martínez
madre de Remedios Cano Martínez

Mi bisabuelo Diego Cano tuvo siete hijos y entre ellos estaba mi abuela Remedios, que se caso con Enrique Pérez, mi abuelo, uniéndose así el señorío, educación e inteligencia de mi abuela, con la sensibilidad artística y creativa de mi abuelo Enrique, que aparte de ser secretario del Ayuntamiento en la Republica, también compartía su otra faceta artística, fue un gran trompetista, autor y director de música.


La Banda de Música, recién terminada la Guerra Civil. Al fondo está como trompeta primero, Enrique Pérez Cano, que luego fué desterrado por los fascistas. En la foto aparecen muchos más, desgraciadamente ya fallecidos: está Enrique Torreblanca Sorroche (Enrique Maqueque), Diego Pérez, José Ávila, José Jiménez Vergara (Pepe el de Julio), etc.


Final de una Cabalgata de Reyes en la Plaza Nueva. Los músicos se las ingeniaban para recibir luz en sus partituras; debía ser 1969 y Néstor Ávila tocaba la trompeta que había traído de Francia D. Federico (ingeniero de minas), para su abuelo Enrique Pérez.

Al término de la guerra civil, por su condición de secretario del Ayuntamiento y Republicano, fue obligado al destierro por las fuerzas fascistas, viéndose obligado a desprenderse de sus propiedades a precio de saldo siendo una victima más de tan llevada y traída memoria histórica.

Cuando murió en el 1948 en Tarifa, fue tan generoso que nos dejó una buena parte de su sensibilidad artística genética, siguiendo así con la esencia de la trompeta mi padre, mi primo Néstor y mis sobrinos Enrique y Javier.

En la línea materna tenemos a mis abuelos Serafín Cano y Apolonia Mula, tuvieron cuatro hijos, entre ellos mi madre Remedios, que si hubiese sido actriz dramática hubiese acaparado todos los oscar junto con su hermano mi tío, Serafín, que "arte" tiene un rato, siguiendo así con la genética artística.


Mis abuelos maternos, Serafín Cano Cano y Apolonia Mula González, en las típicas fotografías de la época

Mi abuelo Serafín Cano "El Levita", era todo un carácter, serio, integro, honrado y poco dado a gastar dinero, que mas se puede pedir de un hombre. Mi abuela Apolonia le decían La Aguileña, porque era de Águilas, guapa, simpática y graciosa siendo la alegría del barrio Hondo, derrochando arte y salero, falleció joven en Octubre del 1944, dejando a sus sucesores esos genes de arte y alegría que la caracterizaba.


Serafín Cano Mula, el galán de la familia en distintas épocas y fases de su vida. Como se aprecia, no puede disimular el punto o vena de actor que lleva dentro.

Para terminar con esta tournée de genes familiares, permítanme hacerlo con mi padre, Diego Pérez Cano, casi ná, ¿Mi Padre?, que puede decir un hijo que se siente orgulloso del padre que ha tenido, con la máxima de dejar una buena carga de genes a todos sus hijos, compartiendo así muchas de sus conductas e incluyendo las menos positivas. Destacando la competitividad que siempre exponía en todo lo que hacia, desde el deporte a su trabajo. Sintiéndose feliz en todos los proyectos que iniciaba, transmitiéndolo así a sus hijos, fue un hombre valiente, creciéndose ante las adversidades. Nunca llegué a verlo deprimido, aun pasando por momentos críticos.


Al terminar la mili en Zaragoza, como buen deportista y amante del ciclismo, Diego Pérez Cano corrió la Vuelta a Aragón, ganando dicha prueba. Como premio recibió la bicicleta que muestra en la fotografía, con la que se vendría de Zaragoza a Serón.

Dejó una buena herencia de deportividad en sus hijos y nietos, que siguen cosechando triunfos en su vida deportiva y profesional.


Enrique Pérez

Daría cualquier cosa porque mi padre estuviera aquí ahora para que pudiese disfrutar de los éxitos de su familia, y que sus nietos hubiesen disfrutado de sus enseñanzas.


Mi madre, Remedios de Apolonia

Diego Pérez Cano (hijo)

VOLVER